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20/06/2011

¡Quiero cagar!



Este es un post escatológico. Se recomienda su lectura a personas con criterio formado o deformado. ¡Qué chucha! Si quiere lealo y si no haga click en el botoncito que tiene la X en la esquina superior derecha de su pantalla o si está usando Mac, en el botón rojo que está en la esquina superior izquierda. Si está usando Linux en cualquier distro, no se. Creo que, sin importar qué versión de sistema operativo o navegador, presionando Alt+F4 se cierra la ventana. Aunque creo que en Mac hay que presionar Comando+Q. Ah, más claro mantenga presionado por más de 5 segundo el botón power de su computadora. Ahí creo que se apaga por completo, pero si tenía abierta alguna ventana de Word, Excel, PowerPoint o cualquer otro programa utilitario, cualquier cosas que no haya grabado se perderá si procede de la forma que le acabo de indicar. Es más, no se por qué carajo usted está perdiendo tiempo leyendo ese párrafo lleno de puras pendejadas divagantes. Si yo fuera usted, me saltaría al siguiente párrrafo. Desde luego, para este momento usted debe estar riéndose a carcajadas por que le acabo de ver la cara de pendejo o pendeja, dependiendo de si usted es hombre o mujer. ¿Todavía está leyendo este párrafo? ¿Quiere saber hasta dónde soy capaz de llegar? Apuesto que usted es de aquellas personas que se queda en el cine hasta que salen todos los créditos y ha de pensar “bueno, si esta gente se sacó el aire haciendo esta película, aunque haya sido una huevada, lo menos que puedo hacer es leer sus nombres”. En todo caso, a estas alturas ya debe estar cansado de leer este párrafo. ¿Recuerda que hace algunas líneas le sugería que se saltara al siguiente párrafo? ¿Por qué no me hizo caso? ¿Acaso usted es de aquellas personas que les gusta llevar la contraria a todo? ¿De qué chucha se está riendo? Le volvió a causar gracia que le haya visto otra vez la cara de pendejo o pendeja, dependiendo de si usted es hombre o mujer. Creo que eso ya lo dije. Le pido mil disculpas, lo que pasa es que esto me sucede a veces cuando mezclo bebidas energizantes con café. La cafeína que está en mi organismo me tiene en un estado de hiperactividad alucinante. Esto es más o menos como aquella vez que Fry (ese personaje de Futurama) bebió cien tazas de café y todo lo veía en cámara lenta. Ya… ya me harté de escribir huevadas. Usted gana. Hasta aquí llegué. Si usted fue tan car’e tuco para llegar hasta el final de este párrafo pase a reclamar su premio a la siguiente dirección: Sedalana 1024 y la 32 y pregunte por la señora Rosa Melano. Ella seguramente le dirá que ahí no hay ningún premio y que tampoco se llama Rosa Melano pero para cuando esto suceda usted estará en pelotas porque los pandilleros del sector le habrán robado hasta los calzoncillos y con el dinero obtenido por la venta de sus pertenencias irán corriendo a comprar drogas donde Miguelito; ese man que estuvo en cana hace 2 años por pegarle una puñalada a Negro Piter por haber violado a Xiomara (a) Mijita, el homosexual dueño del gabinete del barrio que vacilaba con Miguelito. ¡Chucha! ¿Qué carajo espera para saltarse al próximo párrafo? ¿No se ha dado cuenta que sigo vacilándolo o vacilándola, dependiendo de si usted es hombre o mujer? Esto me trae a la mente aquella vez que un cangrejo se metió al patio de mi casa. Yo me encontraba en la cocina cuando escuché los alaridos de mi esposa. Rápidamente salí a ver lo que sucedía y observamos en el fondo de la lavandería a este cangrejo que se movía ferozmente. La pregunta inmediata fue ¿qué chucha hacía un cangrejo en nuestro patio?, pero el aroma a agua con comino que provenía de la casa vecina nos alertó que los habitantes de esa vivienda estaban preparándose para darse un gran atracón de estos crustáceos y del atado que pronto iban a degustar, se escapó este superviviente e ingresó a nuestra casa a través de la cañería del desagüe. Mi suegro, quien había llegado a visitar trató de atrapar al cangrejo, pero este levantó sus pinzas en clara posición defensiva. En un movimiento digno de película de acción, el crustáceo se escondió en la tubería antes descrita. Desde ese día, el cangrejo vive ahí y de vez en cuando sale a saludar. ¿Todavía leyendo este párrafo? Está bien… ahora si me cansé…

Seguramente, en más de una ocasión, les ha sucedido que les pasan cosas que dicen “sólo me puede pasar a mi…”. Pero esto que les voy a contar creo que, realmente, “sólo me pasa a mí…”

Estoy trabajando de lo más normal, repentinamente un movimiento en el intestino me avisa que es hora de, una de dos: tirarme un pedo o pegarme un cague. Como a veces resulta que con un pedo se escapa un torpedo o, como en este caso específico, se está en un lugar rodeado de gente a la que no le va a causar mucha gracia percibir el aroma del gas butano expedido por donde ya ustedes saben, es preferible ir al baño y realizar ahí la labor respectiva.

Es así que me levanto disimuladamente, apretando el asterisco (por si acaso), y me dirijo al baño. Es curioso como a medida que uno se acerca al baño, la urgencia de evacuar se vuelve más grande. Sientes que la masa esa empieza a asomar y que no vas a alcanzar a llegar a sentarte en el trono. Cuando abro la puerta del baño… ¡por la gran pucta…! Alguien más está usando el escusado. Enseguida, los músculos que antes empujaban lo que sabemos funcionan en reversa y esa nota se regresa… Sientes que se te acalambra el orto. Y no queda más alternativa que regresar luego de unos minutos, total… unos minutos más de espera son aguantables.

Regreso a mi puesto y dejo pasar esos minutos hasta que el otro cagón termine. Al cabo del tiempo de espera regreso, pero ¡oh sorpresa! Otro hijueputa se metió a cagar… Como ya es hora del almuerzo, salgo con la esperanza que, al volver, pueda regresar para evacuar mi intestino. Cuando ya estoy afuera y como forma de engañar al organismo dejo salir un par de pedos para disminuir la tensión, claro está, con el miedo que suceda algo desagradable. El escape de gas resulta aliviador y me hace olvidar del asunto por algunos minutos. Cuando regreso a la oficina, voy directo al baño, pero otro hijueputa se me adelantó y tampoco puedo entrar a cagar.

Suena a chiste, pero es cierto. Parece que tengo “la dicha” que cada vez que me dan ganas de cagar, alguien más ocupa el baño. Es tal mi mala suerte que hasta en ocasiones en que me he quedado hasta tarde en la oficina me sucede. Se supone que la mayoría del personal ya se ha retirado, pero justo a alguien se le ocurre cagar segundos antes que a mí. Esta es una verdadera situación de mierda…

3 comentarios:

Fabeto dijo...

Ja ja ja casi me haces cagar de iras por esa abundante introduccion, y luego casi me haces cagar de la risa con tu experiencia escatologica. Como un dato extra si te has dado cuenta que cuando el mojon esta queriendose salir los dopes salen con aromas exoticos .... ja ja ja

Varth Deider dijo...

Chuta... Los pedos tóxicos deberían caer en el rango de armas letales. Yo supe del caso de un hijueputa que se lanzaba de esos en los ascensores... ¡Maldito!

Fabeto dijo...

A ese cabron al que te refieres deberian meterlo preso por Terrorista y andar botando gases letales .... ja ja ja